Título: Espada llamada Tizona

Datación: hoja s. XI, empuñadura s. XV

Técnicas y materiales: Acero y madera

Medidas: 93 x 79

Número inventario: MBU 10.016

Inscripción: AVE MARIA GRATIA PLENA DOMINUS MECUM/ IO SOI TIZONA FUE FECHA EN LA ERA DE MILL E QUARENTA

 

 

Esta espada es una de las piezas más famosas y queridas del Museo de Burgos. Su vinculación a la figura de Rodrigo Díaz de Vivar y la polémica asociada a ello, que todavía no ha sido del todo resuelta, despiertan un interés todavía mayor por un objeto ya de por sí singular. No son numerosas las espadas medievales que se hayan conservado en tan buen estado como esta, que además tiene una historia bien documentada desde hace seis siglos.

La pieza presenta dos partes claramente diferenciadas y que corresponden a épocas distintas: la hoja y la empuñadura. La gruesa hoja de acero es característica de una espada tajadora propia del combate a caballo. Los estudios a los que ha sido sometida la datan en el siglo XI por el envejecimiento del metal y su excelente factura se atribuye a herreros andalusíes. Se considera un arma de lujo por la calidad de su forja y las magníficas cualidades del metal. Posteriormente, en el siglo XV, fue practicado el canal central y las inscripciones grabadas al ácido. Por su parte, la empuñadura es muy diferente a la hoja y de fabricación más tosca. Su estilo gótico corresponde a las características del siglo XV, es decir, muy posterior a la hoja.

Su recorrido histórico está documentado desde comienzos del siglo XV cuando existía una espada con este nombre en la armería de Martín I, rey de Aragón. Más adelante, a finales de este siglo, el arma abandonó la colección real cuando Fernando el Católico la regaló a Mosén Pierres de Peralta, marqués de Falces, como premio a los servicios prestados. Ya por entonces se la asociaba al Cid Campeador y por tanto se consideró una pieza de gran valor y especial significación. Como tal fue conservada por los sucesivos marqueses de Falces hasta mediados del siglo XX cuando fue depositada en el Museo del Ejército. Finalmente en 2007 fue adquirida por la Junta de Castilla y León y la Cámara de Comercio e Industria de Burgos para su exposición en el Museo de Burgos.

Más allá de los datos históricamente comprobables, la literatura asociada al Cid habla de sus espadas, especialmente de la Tizona. Las espadas de los héroes de los cantares de gesta tuvieron su espacio en los poemas, como las del rey Arturo, Carlomagno, Roldán o Bernardo del Carpio. El nombre de Tizona hace referencia a un tizón o madero ardiente, al que recuerda por el brillo del metal y las heridas que podía producir.

Si hablamos de su vinculación con la figura histórica de Rodrigo Díaz de Vivar, el asunto se vuelve más nebuloso. Sin duda debió de poseer varias espadas, pero los escasos documentos conservados contemporáneos a don Rodrigo no hablan de sus armas. Las primeras menciones datan del Cantar de Mío Cid, es decir aproximadamente un siglo después de su muerte. Por ello, no es posible afirmar con certeza quién fue originalmente el dueño de la pieza, pero sí que esta es la Tizona de las leyendas y de los cantares de gesta.